El miedo al cambio y la evolución

Paloma A. González Loché

En palabras de Ankor Inclan: «Cuando sea el tiempo de hacer un cambio, el Universo te pondrá en una situación tan incómoda que no te quedará otra elección». Palabras que suscribo del principio al fin, como el resto de su pensamiento completo.

Todo cambio supone miedo a lo desconocido y una clara resistencia a afrontarlo aferrándonos a lo que tenemos. Es probable que la vida no sea todo aquello que queremos, e incluso que la sintamos como un peso porque creemos que no nos aporta nada alentador en un momento dado y por ello nos situamos en una zona de confort en la que pensamos que podemos sobrellevar el día de mañana y el siguiente. Aquello que el viejo refrán español expresa como: “Virgencita, que me quede como estoy…”.

Para algunos: todo está predestinado. Nada se puede hacer y viven un aparente conformismo con situaciones. Digamos que van a remolque. Sin embargo, algo en su interior hace que sean conscientes de la imposibilidad de tal estancamiento. Stephen Hawking decía así: «Me he dado cuenta que incluso las personas que dicen que todo está predestinado y que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, siguen mirando a ambos lados antes de cruzar la calle».

El problema de la vida, del cambio y del progreso, no está en el defectuosamente entendido como “progresismo” sino en la constante evolución. Tanto si la deseas como si no. Es una ley determinante no sólo para el ser humano sino para todos los seres vivos e inertes del mundo. ¡Desde el principio de la Creación!

Si miramos hacia atrás, si nuestro conocimiento fuera el suficiente, sabríamos o descubriríamos la constante evolución sufrida en nuestro planeta desde sus comienzos, en el que los continentes se alejaban o aproximaban, a veces en forma natural y otras a consecuencia de distintos sucesos externos como aquellos sobrevenidos del espacio exterior en forma de meteoritos, o los movimientos que emergen desde el interior: maremotos, terremotos, embestidas que han causado importantes manifestaciones externas. Y así desde los comienzos. Y otro tanto ha sucedido con el mundo animal, como ha defendido siempre Darwing en relación con el ser humano y que refiere perfectamente Rudolf Steiner en la «Crónica del Akasha».

Nosotros formamos parte de esa evolución desde nuestro nacimiento. Es un hecho evidente. Resistirnos a la evolución de las circunstancias en las que vivimos es un espejismo que a medio o largo plazo supondrá la autodestrucción o que los cambios que podamos requerir vengan forzados por hechos dolorosos e indeseados. Me temo que puedo dar fe de todo ello. Tal vez convenga profundizar.

Aquí me limitaré simplemente a tirar de un cabo…

26 Comentarios
  • Maria del Mar Del Pino Montesinos
    Publicado a las 12:18h, 16 abril Responder

    Ay!!! Los cambios Pamy. Soy de las que les tiene terror porque pienso que nunca son para bien… Pero, es verdad… Hay que cambiar para bien o para mal. Y me gusta como lo cuentas

    • @dmin
      Publicado a las 12:46h, 16 abril Responder

      Querida Mar:
      No hay alternativa. Es la Ley de la Evolución y ha existido siempre. Sin esos cambios seríamos bebés y ya hemos crecido un poco: es inevitable.
      Que lo hagamos mejor o peor depende ya de nuestra resistencia y si nos negamos, todo al final nos cae «a capón». Cuesta, lo sé.
      Un gran beso y muchas gracias por tu comentario.

  • Luis Álvarez Gil de
    Publicado a las 12:25h, 16 abril Responder

    Pami me encanta como escribes para quien te lee

    • @dmin
      Publicado a las 12:47h, 16 abril Responder

      Querido Luis:
      Te agradezco mucho tu valoración y ¡¡¡espero que siempre me leas!!!
      Intento ser concisa porque no me gusta manipular. Prefiero que cada uno tome lo que crea conveniente.
      Un beso y muchas gracias.

  • MARIA ANGELES BUISAN
    Publicado a las 12:46h, 16 abril Responder

    Nos hemos vuelto muy conformistas porque no se tiene que luchar como en otras épocas por la superviviencia. Ahora tenemos tanto tiempo libre que no sabemos qué hacer con él, lo que han aprovechado los que nos controlan para amodorrándonos con la anestesia del deporte, los programas de la entrepierna, las charadas de los influencers de turno o las series que crean exprofeso. Una manera muy efectiva de tenernos calladitos, quietecitos y, lo más importante, impedir que pensemos por nosotros mismos y lleguemos a la verdad. Enhorabuena, como siempre, Paloma, mi admiración.

    • @dmin
      Publicado a las 13:38h, 16 abril Responder

      Mil gracias Marian:
      Primero por tu valoración y porque has sacado a la luz una de las problemáticas «anticambios»: la distracción. La encuentro muy peligrosa, porque esa inacción actúa contra nosotros mismos y no tomamos las riendas de nuestro propio caballo permitiendo que lo hagan otros por nosotros, lo que nunca es una buena idea. Por eso soy tan Pepito Grillo y supongo que algo parecido a un abejorro para ciertos intereses.
      Dicen que las admiraciones son mutuas, y éste también es mi caso respecto a ti. Muchas gracias de nuevo.
      Un beso muy fuerte.

  • Valle
    Publicado a las 12:46h, 16 abril Responder

    Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, dicen algunos.
    A mí los cambios me ponen fatal, pero como bien dices, llega ese momento en que no hay más opción te guste o no.
    Felicidades por tu articulo Paloma, me parece bastante interesante.

    • @dmin
      Publicado a las 13:34h, 16 abril Responder

      Querida Valle:
      Este artículo, muy cortito ¡¡¡sí que es para pensar!!! Mejor hacer el cambio de motu proprio a tenerlo que hacer por narices y en peores condiciones. De hecho, sabemos cuándo tenemos que hacerlo pero, o sentimos pereza o miedo a salir de la zona de confort. Ahí está el verdadero peligro.
      Me alegra que te haya gustado.
      Un beso muy fuerte y muchas gracias.

  • Tania
    Publicado a las 12:49h, 16 abril Responder

    Cuanta razón tienes Paloma, los cambios dan miedo pero son necesarios para avanzar. La verdad que en los tiempos que caen si no te haces al cambio te quedas en la nada. Me encantó el artículo! Muchas gracias por estas bonitas lecturas donde siempre haces que nos planteemos las cosas. Un abrazo

    • @dmin
      Publicado a las 13:24h, 16 abril Responder

      Querida Tania:
      No sabes cuánto me alegra que mis artículos sirvan para reflexionar en algunos temas.
      Tengo que decir que yo fui muy resistente a los cambios: como ser humano, pero la vida me mostró que era un error.
      Un beso muy fuerte y mil gracias por participar.

  • Marina Miranda
    Publicado a las 12:53h, 16 abril Responder

    ¡Excelente análisis ! El miedo a lo que » vendrá » después de un cambio, es lo que nos paraliza, pero como dices, nada es estático, la evolución es inevitable. Y esa evolución precisamente es la que lleva al cambio. Ejemplo de ello son los países que se deciden a abandonar el comunismo como forma de gobierno. Pasan años de represión, de miedos, de injusticias y la mente va evolucionando hasta que un día los pueblos se deciden a dar el salto, y desde luego, por pequeño que sea el mismo, siempre es para bien ! porque aún dando un paso atrás, aprendemos que el próximo, debe ser el doble hacia adelante !

    • @dmin
      Publicado a las 13:28h, 16 abril Responder

      Querida Mani:
      Lo terrible de ese miedo al cambio es que finalmente se tendrá que producir y de la peor forma. Lo sensato es ir preparando el terreno para que no tenga que ser un cambio traumático pero… si no lo hacemos, lamentablemente lo será. La Ley de la Evolución está por encima de todos nosotros y es invariable. Sólo hay que repasar en la Historia. Por eso es a menudo, cíclica, porque nuestros cambios a veces sólo son maquillados.
      Un beso muy fuerte y muchas gracias por participar.

  • Patricia
    Publicado a las 13:01h, 16 abril Responder

    M ha encantado tu artículo. M veo reflejada en todas tus ideas, yo x miedo a lo desconocido no avancé y ahora ya es tarde. Siempre m arrepentiré. Mi tren paso y lo perdí. Un beso.

    • @dmin
      Publicado a las 13:30h, 16 abril Responder

      Querida Patricia:
      Eso que comentas no es un caso aislado. Creo que lo hemos vivido todos. Hay cosas que efectivamente las perdemos pero, si nos fijamos bien… parece que se abren resquicios para recomenzar por algún lado, tal vez no en la forma que hubiera sido sino algo distinto. Por eso, siempre adelante.
      Otro beso muy grande.

  • Carmen
    Publicado a las 16:13h, 16 abril Responder

    Buenas tardes, Paloma !
    Magnífico , tu escrito, como siempre un placer , leerte.
    Referente a los cambios , creo son necesarios , ( pero el cambio , que hoy se vive en España , me asusta ) y no soy mujer miedosa ! Todo lo contrario !
    Los medios de comunicación , programas de TV , tienen a la gente entretenida y no se fijan en la deriva del país , ( es mi percepción )
    Todos muy cómodos , nos quejamos desde el sillón …pero no movemos un dedo , nadie se queja , todos tragamos
    Si perder derechos, perder libertad , permitir tanto libertinaje , y un largo etc, sinceramente no quiero este !! Progresismo !
    Gracias , me encanta tus escritos .
    Te mando , un beso !

    • @dmin
      Publicado a las 17:41h, 16 abril Responder

      Querida Carmen:
      Precisamente uno de los cambios es ¡hacer frente! Dejar de esperar que las cosas cambien por los «cambiadores». Si nuestro cambio fuese en esa dirección ni los medios ni las TV tendrían a la gente entretenida si pierden la audiencia y el consenso. Es un ejemplo ilustrativo.
      El cambio son muchas pequeñas cosas que podemos hacer y no hacemos por inercia, por pensar que nada vamos a conseguir… por seguir como estamos.
      Y esto es válido no sólo en la política sino también en nuestros hábitos, en nuestras costumbres e incluso en nuestra forma de pensar. A veces es bueno replantearnos las cosas.
      Te agradezco mucho que me respondas. Lo digo de verdad.
      Un beso y muchas gracias de nuevo.

  • Helena
    Publicado a las 16:33h, 16 abril Responder

    Los cambios y tus zonas de confort: una disyuntiva, en la que creamos o no, nos encontramos casi cada día. Elegimos uno u otro, aunque suele primar la zona de confort por miedo a lo desconocido, a equivocarse, a «perder», en todos los ámbitos, lo ya ganado.
    Hay veces (muchas, pocas, algunas) en las que hay que «jugársela» y apostar por el cambio.

    • @dmin
      Publicado a las 17:49h, 16 abril Responder

      Querida Helena:
      Así es. Nuestras rutinas nos generan cierta comodidad y un mucho de fatalismo. Pensamos que no está en nuestra mano provocar cambios externos y nos provoca la inacción. ¡¡¡Quién iba a decir que un hindú menudo y envuelto en una sábana iba a lograr expulsar nada menos que al gobierno británico de su país y en la época de las colonias!!! Aquí tenemos el más claro ejemplo de que la fe obra milagros. Y es que cada cambio lleva aparejada la fe en la consecución y el no temer a aquello a lo que nos enfrentamos saliendo de la zona de confort, que realmente no lo es. Y menos cuando tenemos razón. Cada cambio interno puede ser diminuto, pero constante y al final, nos habremos independizado de nosotros mismos.
      Un beso muy fuerte y muchas gracias por intervenir.

  • Barbara Ortega
    Publicado a las 18:56h, 16 abril Responder

    Magnífico

    • @dmin
      Publicado a las 19:37h, 16 abril Responder

      Mi querida Bárbara…
      Como te conozco, y muy bien, 🙂 aprecio mucho todo lo que se esconde en tu escueta respuesta.
      Tal vez porque a lo largo de tu vida has sabido afrontar numerosos cambios sin miedo, o simplemente ignorándolo, y es lo que más admiro de ti.
      Tu mundo fue un devenir de «arribas y abajos» constante, y todo ello hizo de ti una mujer muy fuerte.
      Un beso muy grande.

  • Santiago Hernández de Andrés
    Publicado a las 20:22h, 16 abril Responder

    «Resistirnos a la evolución de las circunstancias en las que vivimos es un espejismo que a medio o largo plazo supondrá la autodestrucción o que los cambios que podamos requerir vengan forzados por hechos dolorosos e indeseados.».
    En ésta sociedad, todo el mundo tiene pánico a mostrar sus puntos débiles. En éstos tiempos, ¿Quién no desearía poder ignorar la dura realidad de la pandemia?, ¿Quién -entre las personas que todavía conservan espíritu de solidaridad- es capaz de conservar la calma y no indignarse o sentirse agredido cuando está a la vista de todos que una parte de la sociedad tiene un comportamiento incívico, irresponsable, inmaduro y peligroso para sí mismo -y lo que es peor- para los demás?
    ¿Cómo podemos aceptar que nuestra capacidad de influir es limitada,,y que sólo debemos exigirnos responsabilidad por lo que depende de nosotros mismos?
    Amiga Paloma, no es que me crea perfecto -ni mucho menos-, pero ¿No crees que lo que falla es que hemos dejado en manos del Estado la educación dejando de lado las capacidades que realmente forman a las personas? Hablo de flexibilidad, responsabilidad, empatía, compasión…
    Un abrazo y gracias por tu artículo.

    • @dmin
      Publicado a las 20:32h, 16 abril Responder

      Mi querido amigo Santi:
      Si nos fijamos en la Historia con mayúsculas. El ser humano se ha visto arrastrado por la inacción. Por creerse un grano de arena en un desierto en las grandes cosas y lo peor, por no descubrir que uno mismo es una «gran cosa» que unida otras mismas «grandes cosas» pueden constituir un arenal inmenso o un vergel.
      Lo que comentas de la pandemia es un acto de irresponsabilidad humana y justo este artículo se refiere a la evolución: la evolución unida al cambio personal. Y va a venir sí o también, porque nada se detiene y todo es un flujo y reflujo.
      Dejar a «papá» Estado la responsabilidad de los grandes temas es, sin duda, un problema personal de cada uno de nosotros que debemos combatir; pero la educación, (entendida a la española y no como «instrucción»), es un algo que compete a la familia. Todas las cualidades que señalas son cualidades que aprendes en el ámbito familiar y jamás algo que debe asumir el Estado (o no debería hacerlo). El Estado ha de asumir la instrucción o impartir el conocimiento, pero el uso de ese conocimiento, entra en el grado de la evolución personal y en mi opinión compete a la familia. Es mi criterio, pero puedo estar en un error.
      Muchas gracias de nuevo por tu participación. Un beso, Santi.

  • José Albino López Cuesta
    Publicado a las 14:27h, 17 abril Responder

    Todo es indecible fastidio y fatiga. Por más que vemos, jamás nos satisfacemos; por más que oímos, no estamos contentos. La historia es simple repetición. Nada hay realmente nuevo; todo ha sido hecho o dicho antes. ¿Puedes tú indicar algo que sea nuevo? ¿Cómo sabes que no existió ya en remotas edades? No recordamos lo ocurrido en aquellos tiempos antiguos, y en las futuras generaciones nadie recordará lo que hayamos hecho ahora.
    La historia no hace más que repetirse; ya todo se hizo antes. No hay nada realmente nuevo bajo el sol.
    (Eclesiastés)

    El pasado no nos dirá lo que debemos hacer, pero sí lo que deberíamos evitar.
    (Ortega y Gasset)

    Excelente artículo Paloma, como siempre.

    • @dmin
      Publicado a las 22:27h, 17 abril Responder

      Así es, mi querido amigo:
      Muchas veces la evolución nos lleva a un cambio que en ocasiones es cíclico, produciéndose repeticiones que parecen distintas. A veces los cambios son tan sólo en la apariencia porque son meros ciclos que se imponen unos a otros. Un ejemplo claro está en las distintas dominaciones humanas a lo largo de la Historia, los distintos imperios en el mundo que no hicieron otra cosa que venir a sustituir a otros y desde épocas remotas. Lo que establece la diferencia en cualquiera de ellos (aunque no siempre) es el grado de evolución cultural, el grado de evolución del ser, incluso la cesión del individuo a un ente superior: el Estado, como factor de cohesión pero todo ello, con distintos estamentos, son ciclos evolutivos y en todo ciclo evolutivo siempre existe un plus de progreso. Por virtud de lo cual, algunos se aferran a esto para tildar a la evolución de progresismo.
      Mencionas a Ortega y Gasset, y para mí es un filósofo «al día». Sus pensamientos son una joya para la convivencia y el entendimiento del ser. Me gusta mucho.
      Un beso muy fuerte, José.

  • Pilar González
    Publicado a las 17:46h, 24 abril Responder

    Personalmente odio los cambios, creo que nunca o casi nunca son para bien, soy pesimista en ese sentido, requiere para mí un esfuerzo mental terrible y sé que es cíclico, pero me horrorizan; esto es lo que he sentido al leer tú artículo, como siempre lo has clavado, mi admiración por tus escritos, besos y ya buena tarde noche.

    • @dmin
      Publicado a las 14:18h, 30 abril Responder

      Querida Pilar:
      En mi caso, dilato el momento de asumir un cambio. Creo que la resistencia al cambio es algo inherente a cualquier persona: el conformismo, no salir de la zona de confort o no atrevernos a entrar en otra zona que a lo peor es incluso menos confortable que la que hemos aprendido a manejar incluso cuando no nos gusta. Sin embargo, cuando en mi vida se han producido los cambios, han sido a medio-largo plazo para bien. Descarto alguno que fue al revés, pero fueron pocos.
      Muchísimas gracias por tu respuesta.
      Un beso muy grande.

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