Nosotros, los hooligans

Paloma A. González Loché

Habría mucho que hablar del fanatismo. ¡Pero mucho! Somos cualquier cosa, menos independientes, al menos en este país. Incluso yo misma soy fanática extrema de la libertad y del pensar como me da la realísima gana ¡hasta para cambiar de opinión! No desde siempre, tardé como treinta años.

Si en la religión somos capaces de detectar el fanatismo, esto es: la convicción de estar en posesión de la verdad lesionando o persiguiendo las creencias ajenas, en la política la necedad nos convierte en auténticos hooligans. Funcionamos como los equipos de fútbol y ni aunque viéramos mil veces el desastre seríamos capaces de liberarnos de la exacerbación a la que conducen nuestras ideas.

Justificaríamos hasta una goleada de errores garrafales que nos hiciera temblar enfrentándonos sin fisuras al contrario y ante el mayor de los fracasos y pese a ver todas las faltas, ¡volveríamos a vestir los colores del equipo y seguiríamos votándolos! Aunque viéramos en nuestras propias narices los resultados de cuanto acontezca.  ¡La culpa es del árbitro… o del chá-chá-chá! Aquello de ver paja en ojo ajeno…

Si la cosa es muy grave y no existe posibilidad de soltar el balón afuera, algunos, cariacontecidos, dirán: “no, si yo no los voté” —sabiendo que volverían a hacerlo— o dirían “los otros son peor” y seguirían sin comprender las medidas, las únicas posibles, que nos permitirían algo muy extendido en todas las democracias: “el voto de castigo”. Pero este voto ha de ser racional y no castigar dando bandazos como un péndulo. Lo saludable de esta medida es que tal inseguridad forzaría a la reflexión de los clubes, por no hablar de partidos.

No me preocupan los políticos, a lo sumo me inquietan. Son y seguirán siendo así gracias a sus hooligans que son los que alimentan sus prebendas y escaños, se puede apreciar hasta en el Congreso y me sorprende no ver a nadie diciendo: “Sí, bwana”.

Me preocupa la ciudadanía que se ve arrastrada a los espurios intereses políticos respaldados por “sus equipos” fieles hasta la irracionalidad.  Y es que un partido político ¡¡¡no es un club de fútbol!!! Ni siquiera si tiene afiliados. De hecho últimamente los partidos se han convertido en “grupos del chisme” en las redes sociales (como para dar vergüenza propia y ajena). A mí me la da.

¿Seriedad? No mucha. Y hay situaciones realmente graves para asaltar las redes como si fueran un programa de entretenimiento más próximo a un reality show.  Lo menos que se puede exigir es seriedad y que utilicen el Congreso para lo cual perciben un sustancioso salario. Simplemente exijo respeto.

Un partido no se puede conducir como una secta: con dogma, gurú, y fidelidad absoluta de miembros, militantes ¡y votantes!  Esto último ya me parece mucho.

No. Definitivamente no me gustan las sectas y mucho menos la configuración de los partidos como tales y las personas irreflexivas que se dejan llevar convirtiéndose en fieles sumisos. Nunca fui sumisa y no creo que a mi edad tenga un lapsus de semejante calibre.

Si el fanatismo es profuso ¡la secta se impone! Y a mí me gusta pensar.

10 Comentarios
  • Helena
    Publicado a las 06:09h, 26 agosto Responder

    Nada más que añadir, BRAVO!!!

    • @dmin
      Publicado a las 06:25h, 26 agosto Responder

      Muchísimas gracias por tu apreciación, Helena.
      Sobre todo porque tengo en gran estima tu criterio.
      Un beso y mil gracias de nuevo.

  • Valle
    Publicado a las 06:15h, 26 agosto Responder

    Humildad es lo que falta en la política de este país. Aquí vale cualquier cosa antes que reconocer que nos hemos equivocado y así nos va.
    Buen artículo Paloma, como siempre, te felicito.

    • @dmin
      Publicado a las 06:24h, 26 agosto Responder

      Muchísimas gracias, Valle.
      La verdad, es preocupante no reaccionar. Es como «alimentar» conductas negativas. La competencia no debe ser entre nosotros, sino entre ellos, e implica que cada vez lo hagan mejor y rindan mejores cuentas. Mientras no lo entendamos, estaremos promoviendo que aumente la tomadura de pelo y eternizarla. ¡Y no lo entiendo!
      Un beso y mil gracias por tu valoración.

  • MARIA ANGELES BUISAN
    Publicado a las 08:04h, 26 agosto Responder

    ¿Qué más añadir? Nada, solo que subscribo de principio a final. Cuando los dirigentes se preocupan más del calendario de los mercenarios del fútbol que planificar como será el curso escolar y la mayoría de los padres callan, ya se ve en que niveles de dominación estamos. Menos fútbol y más Platón. Felicidades, hermana libertaria.

    • @dmin
      Publicado a las 08:27h, 26 agosto Responder

      ¡Me encantó lo de hermana libertaria!
      La verdad es que es, por lo menos, increíble. No sé si esto sucede en todos los países del mundo. Creo que no. Suele haber tendencias pero no rebaños ciegos. De hecho hemos podido ver los bandazos y seguimientos. Me entristece nuestro nivel de sumisa aceptación. No lo entiendo.
      Un beso y mil gracias.

  • Santi Hernandez
    Publicado a las 08:54h, 26 agosto Responder

    Muy buen artículo, Paloma.
    No te quito ni una coma.
    Lo comparto.

    • @dmin
      Publicado a las 13:42h, 26 agosto Responder

      ¡Oh, Santi!
      No sabes cuánto agradezco tu valoración porque, a decir verdad, creo que eres un gran valor perdido en política. Nunca supieron aprovecharte como mereces y bien lo siento. Sabes qué dices y lo mejor, las vías para conseguirlo. Me siento muy honrada con tu opinión. Gracias por compartirlo y ojalá nos comencemos a ver de esta forma para ponernos las pilas y al más puro estilo bíblico: «al fútbol lo que es del fútbol y a la política lo que es de la política» y desde luego no la sumisión ciudadana.
      Un beso y muchísimas gracias.

  • Isabel
    Publicado a las 11:17h, 27 agosto Responder

    Muy buen artículo, Paloma, y muy de acuerdo contigo.
    Pensar es gratis. La libertad no lo es. Si, con estas dos premisas, hago una suerte de ecuación, me da como resultado que pensar no es libre o que no existe la libertad de pensar. Y si no que se lo pregunten, si pueden aún, a tanto escaldado por haber osado ser libre de tal cosa. Aún puedo celebrar el hecho de poder escribir lo que me plazca y donde me plazca, pues semejante derroche tiene los días contados. La realidad es tozuda, pero lo cómodo es no pensar para no verlo.
    Detesto el rebaño, el grupo, los dogmas, lo impuesto, lo indubitable porque sí… Y pongo por delante que nunca he sido libre del todo. Más o menos adoctrinada desde mi más tierna infancia, he tenido que fabricarme mi propio código ético e ideológico. Lo cual significa, de forma casi absoluta, que estaré tan acertada o tan errada como el grupo adoctrinador y, en esencia, tan contradictorio como lo son esas supuestas ideas fabricadas al albur del interés del momento, al que, supuestamente, pertenezco. Eso sí, a estas alturas de mi vida, ya lo expongo con la misma vehemencia con la que aquéllos me hicieron creer en sus propias y rígidas ideas.
    Decía Julio Iglesias «Vuela, amigo, vuela alto. No seas gaviota en el mar… La gente tira a matar, cuando volamos muy bajo… «. Y así es, querida Paloma. La gaviota que quiere volar, pensar y salirse de la bancada, será disparada a matar. No porque sea inmoral volar, como tratarían de convencerla, sino porque las demás nunca se atreverían a hacerlo…, y eso duele mucho más que cualquier cosa. Cómo osa hacer lo que las demás quisiéramos y no nos atrevemos a hacer!!
    Has de estar sometido, adoctrinado, cuadriculado, cerrilizado… Es decir, que nada te conmueva, te empuje o te otorgue el derecho a ser o pensar diferente. Cualquier cosa menos hacer sentir al rebaño que su encefalograma es plano y el tuyo no. Hasta ahí podríamos llegar!!

    • @dmin
      Publicado a las 16:33h, 27 agosto Responder

      Mi querida Isabel.
      ¡Qué gran verdad! ¿Sabes? Cuando piensas distinto a veces los mediocres se unen para decir que no estás bien de la cabeza e intentar que no brilles. Ser libre tiene sus costes y el principal es: si te sales de la manada eres peligroso. Y los seres libres asustan y los grupos cobardes se movilizan para echar por tierra la libertad que en el fondo envidian.
      Como tú, detesto el rebaño, y no porque no me enternezcan las ovejitas sino porque no me agrada que me encasillen. De mi padre aprendí una cosa: el privilegio de la libertad mental ¡y él lo era y mucho! Un hombre bondadoso pero muy tozudo y muy, muy liberal y yo… ojalá fuera la rama bendita que al tronco sale. Como buen artista su mundo era todo un universo y yo intento ser el producto de la libre reflexión, equivocada o no, pero por eso flexible y capaz de entender ¡y hasta ser capaz de cambiar de opinión si un mejor pensamiento me induce a ello! Jamás te arrepientas de ser tú.
      Yo fui siempre rebelde y es algo de lo que me congratulo. No está en mis propósitos cambiar en los próximos 100 años. Lo que no deseo es dar bandazos ni pertenecer a ningún club que me adoctrine, sea político o ningún otro, a menos que sea yo la que lo tenga muy claro y vislumbre el respeto.
      Besos, muchos.

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