¡El ciclo sin fin…!

Paloma A. González Loché

Cuando no se comprenden los avatares de la vida que nos toca vivir en un momento dado es necesario acudir a los grandes para, al menos, detectar el punto exacto del proceso en el que estamos.

Desde el “nada es nuevo bajo el Sol” que pronunciara el Rey Salomón, la vida y sus sucesos se repiten con distintas formas en un eterno ciclo. Sólo hay que averiguar en cuál nos encontramos. Imperios que nacen y mueren para ser sustituidos por otros. Pueblos hoy vencedores y ayer vencidos. Líneas de pensamiento que vienen a sustituir a otras porque ¡no existe el vacío! Y esto último es algo que debemos tener muy en cuenta.

¿Qué hace esto posible? ¿Cómo detectar el momento? Los movimientos entre oriente y occidente y las migraciones han sido la causa de la destrucción de distintos sistemas de valores en distintas sociedades y pueblos durante siglos. Desde los comienzos de la Humanidad.

Cuando lees a los clásicos y tropiezas con frases como la pronunciada por Aristóteles en su día: «La tolerancia y la apatía son las virtudes de una sociedad que está muriendo» piensas en Grecia y los sucesivos poderes que la siguieron. ¿Cómo cayó y el porqué y cómo se repite el suceso?

Contemplo a la vieja Europa. Azotada por numerosas guerras y artífice e impulsora de dos grandes conflagraciones mundiales de las que ha intentado aprender fomentando la tolerancia en un mundo de grandes diferencias sociales. Procuraba con ello la elevación a través de la cultura y el entendimiento, promoviendo formas políticas que pudieran conjugar las distintas ambiciones sociales como la democracia representativa.

La conquista de la “zona de confort” relajó a las poblaciones y a sus gobernantes, iniciándose ese detectable proceso: la tolerancia a ideas ajenas que se imponen pero son contrarias a los valores ya establecidos que permitieron el bienestar sin hacer frente a las mismas, sin ser conscientes de que toda meta alcanzada exige la implicación y la lucha para su mantenimiento, donde no cabe zona de comodidad posible sino la acción rebelde y comprometida.

¿En qué punto nos encontramos? Tal vez nos convenga releer La Odisea y ofrecer resistencia, como Ulises, y no dejarnos seducir por los cantos de sirenas ni escuchar sus cálidas mieles y así, de esta forma, impedir que seamos posteriormente devorados. Tendremos que hacer frente, tomar posiciones y exigir cuanto sea necesario para impedirlo. Nadie como Aristóteles para alertar del porqué.

Una vez más invito a pensar.

 

8 Comentarios
  • José Albino López Cuesta
    Publicado a las 22:42h, 14 julio Responder

    Tan triste, como cierto.

    • @dmin
      Publicado a las 08:15h, 15 julio Responder

      Muchas gracias, José. Quizás tú lo vives de primera mano y tienes muy cerca el error de consentir, permitir, dejar que suceda… Ante esto sólo cabe la rebeldía, plantar cara e impedir que otros decidan por nosotros y lo que es peor: que acaben llevando nuestro pensamiento donde ellos quieren. ¡En esto y en todo! Por supuesto que lo venden «como lo mejor» pero como dice la vieja parábola «al árbol lo reconoces por sus frutos». A eso debemos ceñirnos. Un abrazo.

  • Joaquín
    Publicado a las 09:15h, 15 julio Responder

    La pura realidad

    • @dmin
      Publicado a las 21:36h, 15 julio Responder

      Así es, Joaquín. Hoy día sólo escuchamos cantos de sirena y vemos como todo el mundo se deja llevar a la destrucción. ¿Sabes? Cada día recuerdo más el episodio de La Odisea y eso que lo leí cuando era una jovencita. Hoy, más que nunca, debemos taponar nuestros oídos y abrir bien los ojos. Un abrazo.

  • Santi Hernandez
    Publicado a las 14:39h, 15 julio Responder

    El problema serio, Paloma, viene cuando a un pueblo aburguesado y cobarde, acostumbrado a vivir sin problemas, le toca afrontar sacrificios para mantener los valores supremos: Ese pueblo corre el riesgo cierto de caer en la servidumbre.

    • @dmin
      Publicado a las 21:34h, 15 julio Responder

      Es cierto, Santi. Tienes razón. Para mí es importante alertar pero, fundamentalmente, hacer pensar a los pueblos porque a veces las explicaciones muy claras no sirven de nada y es preciso empujar para que puedan ver claro por ellos mismos; lo que sucede es que a veces es desesperante el escaso avance para conseguirlo. Un abrazo.

  • Pilar González
    Publicado a las 15:43h, 16 julio Responder

    Nacemos vivimos y morimos desde hace siglos vapuleados, asesinados y obligados a obedecer ante la rebeldía de personas que quieren pensar y actuar libremente, esa es la gran verdad, lo contrario a los que «gobiernan» nuestra forma de vida; es una rueda que da vueltas y vueltas sin parar, con un mismo destino, obedecer y no salirte de las normas impuestas y forma de vida, es una sin razón para los libres pensadores´que por no manifestarse libremente caen en la apatía ante la continuada opresión del que gobierna y no comulga con sus ideas, lo contrario nos llevaría a destinos no deseados; sí nos dejan manifestarnos en rebeldía,pero nada más, puesto que nada cambia, solo nos dejan manifestarnos, para tenernos contentos, nada más, ahí lo dejo Paloma, así pienso, un beso

    • @dmin
      Publicado a las 01:02h, 17 julio Responder

      Pues sí, Pilar, pero sucede que los pensamientos van cambiando a lo largo del tiempo. Y es ahí donde tengo la esperanza. El pensamiento que hoy día es opresor es el opuesto al que fue opresor en siglos pasados. Lo irritante es que no se ha aprendido nada, porque unos vienen a sustituir a otros dejando muy poco calado. Antes era la fuerza bruta que esclavizaba a los más débiles. Después vino la fuerza e imposición de las religiones. Las formas políticas del sometimiento unido al poder. Después el levantamiento de los débiles convirtiéndose en nuevos opresores y así en un largo devenir. ¡Y seguimos sin aprender repitiendo ciclos! El cambio ha de producirse desde el conocimiento y a través de éste ser menos permeables y estar dispuestos a la lucha por nuestros intereses. Así lo veo. Un beso también para ti.

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