Un ocho de marzo

Paloma A. González Loché

Ayer me complació mucho ver la implicación de tantas personas en una fecha histórica.

Pero no abordé aquí cuáles fueron sus orígenes ni el motivo del color violeta de la conmemoración. Es posible que se preste a equívocos.

Hoy traigo como recordatorio, o para aquellos que lo desconozcan, la explicación de sus inicios y lo que esta reivindicación representó con posterioridad para todas las mujeres del mundo. Con ellas, nuestro recuerdo. Los hechos y orígenes presentan notables lagunas y no faltan discrepancias salvo en lo acaecido con estas trabajadoras aquel 5 de marzo de 1908. Y fue lo suficientemente impactante como para cambiar la consideración de la mujer trabajadora. Se habían convertido en mártires. No fueron las únicas pero sí las que más removieron la conciencia mundial por haber pagado tan altísimo precio.

Digamos que la fecha 8 de marzo arranca ya en 1857 cuando se produce una marcha de costureras de la compañía Lower East Side en la que reclamaban una jornada laboral de diez horas y estas reivindicaciones, junto a otras, se fueron exigiendo una y otra vez en distintas ocasiones y años y así llegamos a 1908.

Según las versiones más extendidas, se había iniciado una huelga en la que más de cuarenta mil modistas industriales reclamaron una serie de ventajas como la reducción de la jornada laboral e incluso el permiso para poder amamantar a sus hijos.

Esta misma reivindicación, un 5 de marzo de 1908, la quieren sostener las trabajadoras de la fábrica Cotton Textile Factory de Nueva York y pretendían secundarla exigiendo una retribución adecuada sin que el propietario cediera a sus demandas. Se cuenta que como medida de presión, tal vez con ánimo de atemorizarlas, prende fuego a la fábrica dejándolas dentro, lo que provocó la muerte de 129 mujeres que se encontraban manejando tinturas de color violeta. No pudieron salir y perecieron en el incendio. El humo que se elevaba tenía este color y de ahí viene su vinculación a la fecha pues, al parecer, podía ser visible a gran distancia.

La tragedia de estas mujeres hace que la toma de conciencia de la mujer como trabajadora sea un hecho firmemente reconocido a todas las instancias. El porqué se establece el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer obedece a otra razón muy vinculada a ésta como las actuaciones precedentes en Lower East Side, origen de todo.

Según otras fuentes, no la fecha pero sí la emancipación y consideración de la mujer como trabajadora tiene mucho que ver con las situaciones que trae la Primera Guerra Mundial así como la revolución rusa y, a mi juicio la exigencia impuesta por la mujer para obtener el sufragio universal y las muchas controversias que habría de batallar contra el socialismo que de ninguna manera estaba dispuesto a otorgar el sufragio a la mujer, entre otras cosas por considerar que la mujer podría tener influencias “familiares” que determinaran la inclinación a un voto más conservador.

Obviamente, esto mismo sucedió también en España. Hecho que pudimos constatar con la pugna entre Victoria Kent (del partido socialista y para quien la mujer no estaba capacitada para el voto) y de hecho se negó a otorgar el sufragio frente a Clara Campoamor (republicana conservadora) que no cejó en su empeño, en solitario, y es a esta última a quien la mujer en España debe el voto.

El sindicalismo femenino fue determinante en las primeras décadas del pasado siglo para la consideración de la mujer como trabajadora. Pese a ello con importantes diferencias respecto al hombre. La elección definitiva del 8 de marzo, tuvo lugar durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague (Dinamarca) en 1910. Allí, más de un centenar de mujeres aprueban declarar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, lo que se ratifica por las Naciones Unidas en 1975.

Podemos ver que la lucha prosiguió en una constante lucha protagonizando numerosas reivindicaciones en favor de la dignidad y nuestra consideración política como seres plenos y capaces. Esto sin contar las conquistas en la literatura, el arte, las ciencias, el largo recorrido político que durante el siglo pasado fue perfilándose para todas nosotras, al menos en nuestro entorno cultural. Los grandes dolores que cada conquista traía aparejada. Pero siguieron… y aquí estamos.

Tal vez sea preciso hacer algún balance. Tal vez tengamos que afrontar un proceso de ajuste y estoy segura de que así se hará en el futuro.

Mi recuerdo para todas ellas. Principalmente para estas trabajadoras de la Cotton Textile Factory. No estarán jamás en el olvido y sinceramente creo y apelo a nuestra responsabilidad hoy día porque tal vez tengamos que sembrar el camino de otras mujeres menos afortunadas, víctimas de los entresijos de ciertas culturas y creencias. No podemos abandonarlas, no podemos permitir la ablación del clítoris de apenas niñas, no podemos callar ante matrimonios en edades en las que aún tendrían que escolarizarse, no podemos permitir su prostitución por carecer de recursos, no podemos tantas otras cosas…

¡¡¡Por todas aquellas que nos precedieron!!!

Por todas las que dejaron el nombre mujer en lo más alto: gracias.

Por todas nosotras, por los avances y pequeños ladrillos que vamos poniendo para construir una idea que hemos de llevar a lo más alto: gracias.

Por los hombres de una pieza que siempre estuvieron a nuestro lado: gracias.

 

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