Y me puse el pijama…

Paloma A. González Loché

Parafraseando a Pablo Neruda: «Podría contar los versos más tristes esta noche». Pero yo llevo ya tres noches en las que no puedo evitar la sensación de pérdida y desconsuelo y no encuentro palabras para poder expresarlo ni contarlo.

Lo sabía. Sabía que algún día nos daría el susto pero ¿tan pronto? Verlo impotente, dolorido, tirado en el suelo e incapaz de levantarse, hizo que me reafirmara en una de las decisiones más duras de mi vida.

Me acuerdo de mis elucubraciones cuando decía… si algún día hay un incendio exigiré que te salven a ti, porque sabía que vendrían a buscarme pero a ti no, y o era así o compartiríamos suerte. También pensé en esas elucubraciones que si la cosa fuera de salir a nado, ahí seguro que tú podrías salvarme y yo decía: “Siempre conmigo”. Extraña paradoja ésta que hace que sea yo quien decida que nos precedas, que me precedas. Pero ten presente que verte desplomado fue lo que me obligó a decidirme y después de dos diagnósticos y un largo día de espera.

Sólo me queda agradecer los años que tuve la fortuna de compartir su vida. A veces me pregunto cómo pude vivir sin él y ahora pienso ¿cómo podré acostumbrarme a su ausencia?

Jamás entenderé a los que maltratan a sus mascotas, a los que las abandonan. Jamás, en definitiva, entenderé a la mala gente.

He recibido unos preciosos años de un ángel peludo con cuatro patitas y amoroso que me dio todo el amor del mundo y al que pude corresponder. Mañana, tarde y noche: permanentemente a mi lado. ¡Lo que daría por llevarte conmigo despacito por los parques y jardines que acabábamos de descubrir para ti! Lo que habríamos disfrutado juntos, especialmente ahora que se aproximaba el buen tiempo…

Adiós, mi querido Mel. Gracias por estos maravillosos años. Y espero que volvamos a encontrarnos en algún lugar. Espérame y vela por mí allá donde estés ya que, estoy segura, ha de tratarse de un lugar precioso y en el que puedas corretear y perseguir pelotas. ¿Recuerdas?

Y me puse el pijama… ya no tendría que pasear con nadie, a paso lento, al caer la tarde. Adiós, mi ángel.

 

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