In Memoriam

Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma…

Paloma A. González Loché

Así, como en las sevillanas.

Carmen era mi amiga desde hace la friolera de 47 años. Nos conocimos en un trabajo y poco a poco se fortaleció una amistad que se distanció, no por voluntad sino por imperativos de vida; ella fue a vivir al extranjero y cuando volvió mi vida se había complicado.

No nos veíamos a tomar café a menudo ni siquiera cada semana. Su espíritu era nervioso y buscador, su mente inquieta y nuestros encuentros eran casi subversivos respecto al entorno comentándonos nuestros avatares y todo aquello que nos había inquietado aunque, es cierto, ella parecía haber superado los miedos que aún a mí me atenazan.

Se dice que en Madrid los calores comienzan en la Virgen del Carmen y comienzan a aflojar en la Virgen de la Paloma. El otro punto común es que ambas compartíamos la misma fecha de nacimiento.

Puede que no nos viéramos mucho pero había fechas que no olvidábamos. Su santo en julio: el día del Carmen; nuestro mutuo cumpleaños también en julio, y mi santo en agosto: el día de la Paloma.

Este año recibí una respuesta inesperada de la mano de una de sus sobrinas informándome que mi querida amiga había fallecido al encontrar mi felicitación en su ordenador. Dadas las fechas supuse que su falta de respuesta a mi email y mis llamadas se debía a alguno de los muchos viajes que realizaba.

No pude despedirla como me hubiera gustado.

Tampoco quiero que este escrito tenga tintes de despedida y dolor, sino de homenaje a una gran mujer que un día conocí y se llamaba Carmen.

 

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