El amor silencioso

Por: Paloma A. González Loché Madrid, 25 de enero de 1999

Un día, un fenómeno llamado Mitch arrasó con fuerza en poblaciones que ya tenían poco. Y ahí, donde todos parecían clamar a un Cielo que en un envite apocalíptico vomitaba sin descanso la destrucción y el miedo, mandó también la fuerza de un amor silencioso, acrecentado y firme de muchos otros.

Nada tienen, y probablemente pasará mucho tiempo para que consigan vivir al menos con el poco de antaño. Sin embargo, saben hoy que no están solos. No tanto como para vivir en la desesperanza y tal vez todavía demasiado poco como para vivir confiados.

El Mitch dejó a su paso mucha destrucción y también hizo brotar un sentimiento de amor bien entendido por sus víctimas, por los que menos tienen. En España, tan lejana de esas tierras, lejos de la caridad tranquilizadora de conciencias se abrió paso a un movimiento solidario como nunca había existido anteriormente, tendiendo a compartir el que poco, lo poco; el que mucho, lo mucho; y el que no tenía ni lo uno ni lo otro brindó su trabajo y esfuerzo por aquéllos. Y el efecto de aquel amor silencioso que brotó de muchos corazones hizo que España se acercara.

He hablado con algunas de sus víctimas y todas ellas sin excepción manifestaban: «hemos sentido vuestro amor y consuelo, mucho más que cualquier otra cosa. Gracias, gracias, gracias. Gracias por estar ahí…»

Se ha pedido la condonación de la deuda de estos países y aún no se ha alzado reclamar.

Médicos, enfermeros, psicólogos, voluntarios de todo tipo y condición quieren contribuir personalmente a ayudar sobre el terreno. Como ellos, muchas otras personas buscan la forma de ayudar en lo que haga falta, ofreciéndose en todas las ONG’s sin preguntar cuál habría de ser su posible cometido. Fontaneros, albañiles, electricistas, personal procedente de profesiones varias y dispersas ofrecían sus vacaciones para construir casas en esas tierras.

Son tantas las movilizaciones, tan innumerables las muestras de apoyo, que el fulgor del dinero, aún siendo mucho, parecía brillar menos. Aunque todos sepamos que es imprescindible que sigamos siendo generosos. Que depende de nuestro dinero cubrir las necesidades a las que todavía se enfrentan y enfrentarán las víctimas. Pues sabemos que sin él no podrían subsistir hasta que puedan recuperar al menos su pobre economía para vivir de sus cosechas.

Como el calor revivifica todo aquello que muere, el amor capacita para lograr todo lo que sin él representa un esfuerzo vacío. Y es que, de nada vale dar si no hay amor, como ya se insistía en algunos textos sagrados; y es que es el mismo amor el que se oculta en nuestro impulso y nos obliga a ser desprendidos cuando nada nos lo exige. El amor silencioso que, una vez prendido, puede dar esperanza donde todo lo demás es yermo.

 

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